La pasta de Sumoll

La pasta de Sumoll

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El verano de este año ha pasado a mejor vida. Al igual que con la ropa, nuestros gustos gastronómicos veraniegos nos inclinan hacia platos ligeros que empiezan a quedar relegados a un segundo plano cuando el ambiente deja de ser caluroso. Y también afecta a nuestra inclinación al recogimiento. El otoño tiene esas cosas.

Embargado por esta melancolía existencialista de un sábado pre otoñal, más por la añoranza del verano y tener que esperar todo un año para volverlo a disfrutar, caigo en la cuenta de que no he decido el ágape del día.  Estaba navegando por una web de citas de personajes ilustres y leo una conocida frase de Luciano Pavarotti en la que sostenía que “una de las mejores cosas de la vida es que debemos interrumpir regularmente cualquier labor y concentrar nuestra atención en la comida”. Como si de una asociación de ideas se tratara, inmediatamente identifico el contenido de la frase con el origen italiano del malogrado tenor y decido que hoy comeré pasta.

Pero también me apetece alejarme un poco de Barcelona, visitar algún lugar y completar esta escapada con una buena comida. Recordé que hace pocos días un buen amigo amante de la gastronomía me comentó que en el restaurante Sumoll se han incorporado en la carta varios nuevos platos de pasta que rinden un interesante homenaje a la gastronomía italiana y me pareció que justificaban los quilómetros que debía realizar.

La Granada, a escasos cinco quilómetros de Vilafranca del Penedès es la población en la que se encuentra este restaurante. Para decidir qué actividad voy a realizar, entro en  la web de enoturisme de Penedès y consulto lugares interesantes para visitar. Varias son las opciones que se proponen y entre ellas, me inclino por un monasterio que me resulta sorprendente: el monasterio budista Sakya Tashi Ling, del que en otro post os comentaré mis impresiones.

Bien, pensé, son poco más de las diez de la mañana y sin el intenso tráfico veraniego en menos de 40 minutos llegaré al monasterio, seguramente a eso de las once. Después de la visita al monasterio budista (que no tiene desperdicio), recorro los 20 quilómetros de distancia hasta el restaurante Sumoll y aparco mi coche en el amplio parking del restaurante.

Previamente había realizado reserva de mesa y cuando me siento en ella, realizo consulta de los platos de pasta con los que estoy ocupado mentalmente toda la mañana. Las opciones me sorprenden: Espagueti a la bolonyesa, Linguine amb pollastre a l’estil oriental,  Lasanya de ricotta, Fusilli amb bolets silvestresTortellini a la Piamontesa, Angelotto amb gambes i ruca, Lasanya Clàsica, Crep d’albergínia i provolone, y Bucattini a la Gorgonzola, Evidentemente, dudo el plato que solicitar y finalmente me decido por el fusilli y el Steak tartar especial Sumoll . Completo el ágape con una Broqueta de fruita amb founde de xocolata como postre.

Mi reflexión existencial de la mañana pasó a mejor vida una vez salí de Sumoll, el día había resultado redondo y mientras volvía hacia Barcelona empecé a pensar en la siguiente escapada a la zona y el homenaje gastronómico posterior.

Buena razón tenía cuando Luiciano Pavarotti sostenía que debemos interrumpir cualquier actividad para concentrarnos en la comida, pero también añadiría un ¡todo por la pasta!

 

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