Una calurosa noche de verano en Collage

Una calurosa noche de verano en Collage

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Recuerdo una noche de agosto en la que el reloj marcaba las 22h y el termómetro rondaba casi los 30º. Barcelona estaba desierta y empezaba a subirme por las paredes. ¡Basta! Dijo mi yo interior. Aunque mañana seas de las afortunadas que llegará a la oficina y no habrá nadie más que el chico de seguridad que controla las entradas y salidas, esta noche te mereces una copa de vino blanco, un gintonic o un cóctel, lo que más te apetezca. Qué fácil es auto convencerse, ¿verdad?.

Me dirigí a mi habitación, encendí la luz de ambiente y unas velas. El hilo musical que sonaba era la voz angelical de Andrea Motis, concretamente Lousiana Fairy Tale. Al mismo tiempo, llamé a mi mejor amigo. Me apetecía tanto que me “tocara el aire” que lo convencí rápido cuando le dije que invitaba yo.

Al cabo de treinta minutos, él es peor que una chica para cambiarse, me vino a buscar y nos dirigimos al Restaurante Collage. La terraza es perfecta para esas noches tranquilas, en la que una buena conversación es la mejor aliada mientras saboreas el combinado perfecto hecho con mucho mimo. Que, dicho sea de paso, cuentan con una extensa y apetecible carta de combinados Premium: vodka, ginebra y whisky.

Cuando llegamos, parecía que el destino nos tenía preparada la única mesa que quedaba en la terraza. Mi preferida, para dos personas en la parte lateral. Una velita y unas flores provenzales adornaban la mesa. Tomamos asiento y en seguida vino el camarero

–       Buenas noches chicos. ¿Qué desean tomar?

–       Un gintonic de Hendricks con fresas, por favor – le dije.

–       ¿Para usted?

–       Mmmmmmmmm, ¿qué me pido? no lo sé… ¿usted qué me recomienda? –y cuando pasaron menos de 10 segundos entre risas- es igual, póngame una caipirinha.

–       Perfecto, ahora mismo os lo sirvo.

–       ¡Gracias! – dijimos los dos al unísono.

Mientras esperábamos, una paz invadía nuestro cuerpo. En ese momento daba igual si mañana había que trabajar, estábamos disfrutando tanto del lugar y de la compañía que no importaba. Al cabo de unos cinco minutos vimos acercarse el camarero con mi copa balón y la caipirinha.

–       ¡Oh! Gracias, me encantan que las fresas… tengan… mmmmm… ¿cómo decirlo?… sí, eso… ¡el papel protagonista!

–       Me acuerdo que la semana pasada usted vino con un grupo de amigas y me pidió que le añadiera más fresas, me he asegurado la jugada –dijo el camarero con simpatía.

Al mismo tiempo, mi amigo ya estaba probando su caipirinha y dijo:

–       Está riquísima. No en todos los lugares la sirven con pajita, un acierto.

Y antes que pudiera acabar la frase, el camarero añadió:

– Así que un experto en caipirinhas, ¿eh? Ya sabe, beber sin pajita no es lo mismo. Arriba quedaría toda la cazacha sin diluir y tendría un sabor bastante fuerte.

–       No lo hubiese dicho mejor – contestó.

–       Bien chicos, disfruten de las copas. Aprovecho para decirles que de lunes a viernes organizamos un afterwork en el que podéis pedir combinados a precios muy ajustados.

–       ¡Vaya! Una oferta más que apetecible – dije.

Mis ojos se encontraron con los de mi amigo y los dos sabíamos lo que estaba pensando el otro. Ya son muchos años de amistad, pensé.

–       Sí, Raquel. Lo que estás pensando. Mañana te recojo al salir del trabajo y venimos a probarlos.

–       Me parece más que fantástico.

Y así siguió nuestra velada, entre cotilleos y más cotilleos. Riendo, soñando y saboreando la mezcla perfecta entre la ginebra, la tónica y el toque de las fresas que le daban un aroma y un sabor ideal que remataba la bebida.

By Raquel, apasionada de Collage

 

 

 

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