El chocolate, placer de los dioses

El chocolate, placer de los dioses

chocolate L'Auca

El descubrimiento de América trajo consigo el conocimiento de muchos productos que en Europa eran desconocidos y que actualmente forman parte de nuestras costumbres alimentarias, patata, maíz, judías, tomate, vainilla… y el cacao, materia prima del chocolate, todos forman parte de la importante aportación gastronómica desde que Colón pisara tierra americana.

La delgada línea entre la leyenda y la historia está presente alrededor del chocolate, su origen y significado se manifiesta en Centroamérica alrededor de las culturas azteca y maya, donde el cacao era moneda de cambio hasta que alguien tuvo la brillante idea de triturarlo, mezclarlo con agua y dar origen al primigenio chocolate amargo. Existen leyendas que otorgan al cacao el privilegio de bebida de los dioses, amargor de sufrimientos de princesas y premio de su consumo a los hombres por el amor y fidelidad de la esposa de Quetzalcóatl, el dios bondadoso de los aztecas. Su homónimo maya, Ek-Chuah, fue considerado el patrono del cacao y los cultivadores del fruto celebraban una ceremonia especial en su honor para ganarse sus prebendas.

Ya desde el inicio de su consumo en occidente, la alta sociedad tomaba el chocolate en reuniones sociales palaciegas y las damas de la corte agasajaban a sus invitadas con una taza de cacao acompañada de dulces. Un gran salto hasta nuestros días nos muestra una evolución hacia un aspectos más trascendentales que se manifiestan cuando, por la excusa tengo ansiedad, atacamos la pieza de chocolate que tenemos por casa. En ese estado, cuando nadie te entiende, el chocolate está ahí, es más barato que una terapia para conseguir un estado de euforia y bienestar emocional y si no, nos ponemos trascendentales y tomamos como nuestra la frase de Tom Hanks en Forrest Gump: La vida es como una caja de bombones, nunca sabes el que te va a tocar.

Nunca encontraremos una excusa para no comer chocolate, la tentación siempre estará presente para disfrutar de algunas de sus excelencias:

Sabor: Dulce y a veces amargo, estimula los sentidos por su textura y aroma. Impregna el paladar, los laterales de la boca y la lengua, mientras se derrite y disfrutamos de su persistente sabor.

Placer: Un componente del cacao, la feniletilamina, es el causante de que nos perdamos en su consumo y consigamos que nuestro cerebro transmita una sensación placentera.

Autoestima: El hábito del consumo de chocolate, es nuestra salvación y refugio para resurgir cuando algo negativo nos domina.

Bienestar: El chocolate es un liberador natural de endorfinas, por ello nos sentimos bien al consumirlo.

Salud: Los científicos han demostrado sus beneficios en factores de riesgo cardiovascular.

Variedades: negro con sus diferentes porcentajes de cacao, blanco, con leche, con frutas, sin azúcar, bombones, barritas, chocolatinas, en polvo, con galletas

Textura: El universo de las recetas y combinaciones con las que nos maravillan los chefs, nos incitan a pecar continuamente.

 

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