El convento de Montsió, lugar de mitos y leyendas

El convento de Montsió, lugar de mitos y leyendas

convent de Montisó

Los barceloneses, cuando reciben visitas y como uno de los lugares destacados de la ciudad, las llevan a pasear y conocer el barrio Gótico. Este escenario, repleto de palacios, conventos, iglesias y multitud de calles estrechas, ha inspirado a muchos escritores que han ambientado múltiples pasajes en sus libros o han sido el eje de la narración, como el caso de del libro La Catedral del Mar de Idelfonso Falcones.

El Gòtic es un espacio muy peculiar, bien conservado, concentra belleza e invita a los mitos y leyendas. Este barrio que era la ciudad de Barcelona cuando estaba encerrada por una muralla, llegó a poseer una de las tasas más altas de densidad de población por metro cuadrado del mundo. Un lugar propicio para que el misterio ya que entre otras cosas, la ciudad está construida sobre los restos de asentamientos de la variedad de civilizaciones que durante siglos estuvieron instaladas en la ciudad.

El convento de Montsió constituye uno de los mitos del barrio, con un marcado espíritu peregrino de la orden de las monjas dominicas por lo que se refiere a la ubicación del convento. Las primeras referencias sitúan a la orden en las atarazanas de la ciudad en el año 1351, y veinte años después se traslada cerca del hospital de la Santa Creu. El periplo continuó en 1423 cuando estas monjas se unieron a la comunidad de Santa Ana y se instalaron en el convento de Montsió, que mantuvo esta ubicación durante tres siglos. La Guerra de la Independencia y otras ocupaciones militares posteriores, trajo consigo un vaivén de entradas y salidas de las monjas hasta el año 1888, cuando un nuevo cambio las envió a la Rambla de Catalunya, donde se trasladó la iglesia y el claustro. La última mudanza se efectuó en 1947 y en esta ocasión las piedras del convento se trasladaron a Esplugues del Llobregat.

Tanto movimiento trajo consigo leyendas y una de ellas, apócrifa, narra las desventuras de la abadesa Margarida, de origen noble y de la que se quedó prendado un Varón en una visita que efectuó al convento de Montsió. Con tanta fuerza surgió su enamoramiento que pidió su mano al padre de la abadesa. Ésta no pudo negarse a la decisión afirmativa de su padre y accedió con la condición de no entregarse a su esposo. El enamorado no puso ninguna objeción, aunque su celosía e insistencia para ejercer como marido siempre estuvieron presentes. Margarida dejó el convento y ejerció sus responsabilidades como baronesa, hasta que el varón tuvo que partir a tierras lejanas para combatir por el rey y, afectada por su vocación religiosa, decidió volver al convento. Pero no sabía que esta marcha del varón era una trampa y éste apareció en el convento, resabiado por no haber conseguido romper su amor a Dios. Con la frase “ni para mí ni para el señor”, le asestó diez puñaladas que le ocasionaron la muerte.

Cuentan las crónicas que durante siglos, el fantasma de la abadesa Margarida vagaba al anochecer por el convento…

Los muros del restaurante El Melic del Gòtic son los que pertenecían a las bodegas del convento y no sería de extrañar que otras leyendas hayan surgido en ese espacio.

No Comments

Sorry, the comment form is closed at this time.

%d bloggers like this: