Josep Mª Ferré: “Me propuse tener un restaurante conocido en todo el mundo”

Josep Mª Ferré: “Me propuse tener un restaurante conocido en todo el mundo”

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El restaurante Els 4 Gats es mundialmente conocido como uno de los exponentes del modernismo barcelonés y como un lugar de reunión de importantes de pintores e intelectuales de finales del siglo XIX. Santiago Rosiñol, Pere Romeu, Ramón Casas y Miguel Utrillo han pasado a la historia de los personajes ilustres que abrieron el restaurante, creando un lugar de encuentro de los más destacados artistas e intelectuales de la época en el que Picasso, Gaudí, Joaquim Mir, Ricard Canals, Adolf Mas, Manolo Hugué y otros muchos tertulianos, discutían acaloradamente bajo la imagen del enorme tándem que preside el establecimiento y cumplían con el eslogan Es serveix beure y mejar a totes hores.

Pero existe otra historia que se ha desarrollado paralelamente y que no ha tenido esa repercusión. Es la de los propietarios que desde su reapertura en 1977, diariamente han abierto las puertas de 4 gats, permitiendo que sus mesas fueran ocupadas por otras personas ilustres y ciudadanos anónimos. Pere Romeu, primer gestor del establecimiento y el actual, Grup Ferré de Restauració, han sido los que han tenido la responsabilidad de que las finanzas hayan permitido abrir cada día.

La mesa 24 de 4 Gats, es el lugar de encuentro con las personas que dieron impulso a lo que es en la actualidad el restaurante y explicarnos las peripecias de esa gestión. Josep Mª Ferré y su mujer, Sonia Serrano dan cuerpo a este escrito con la intención de transmitir una de las muchas historias de 4 Gats, la que significó conseguir un nombre en el periodo de finales de los 80 a la Barcelona que clausuró los Juegos Olímpicos de 1992.

Muchos años dedicado a la restauración y atendiendo a clientes,  proyectan a Josep Mª Ferré como una persona afable, atenta y de los que escuchan. Con una mirada serena y gestos tranquilos, sólo se ven alterados cuando en nuestra charla rememora los recuerdos de su vida al frente de 4 Gats. Una especie de chispazo eléctrico le provoca reajustarse en la silla y una sonrisa cómplice se manifiesta en su rostro. Todos estos años recibiendo a comensales y cientos de anécdotas han creado profundas raíces en su vida y eso se nota al conversar con él.

“Me propuse tener un restaurante conocido en todo el mundo”. Esta es la primera frase de Josep Mª Ferré, toda una declaración de principios que ha trabajado desde la reapertura en 1977 y que 35 años después es una realidad.

Pero todo posee un principio. La voz serena de Josep Mª rememoraba que después de la reapertura a cargo de un grupo de accionistas del que formaba parte, pocos años después la sociedad se disolvió y decidió emprender la aventura de gestionarlo personalmente.

Con esta responsabilidad, el punto de partida de la proyección del restaurante se inició cuando el Museo de Bellas Artes impulsó la remodelación de la Casa Martí obra del arquitecto Jose Mª Puig i Cadafalch, edificio en cuyos bajos está ubicado el restaurante. Después de las obras y ya bonito, se produjo la coincidencia de que en aquellos momentos Barcelona era una ciudad en ebullición. La designación como sede para los Juegos Olímpicos de 1992, barruntaba que la ciudad iba a reinventarse y proyectarse al mundo. Este aspecto fue tenido en cuenta por Josep Mª, “en el año 1987 me enfrasqué en el trabajo de dar a conocer el restaurante, ya que su ubicación en la calle Montsió no es un lugar de paso, y debía promocionarlo. La zona más próxima con mucha circulación de personas es Portal de l’Àngel y allí coloqué un cartel como reclamo del restaurante. Tiempo después en la plaza Catalunya se ubicó una representación monumental con la imagen del tándem presente en el restaurante y banderolas con el logotipo del restaurante. Aquel hecho creó notoriedad y hasta polémica, pues el periodista Lluis Permanyer escribió un artículo en contra de esta iniciativa”.

La fiebre de “Barcelona posa’t guapa” y la creación de la ruta del modernismo, tuvo su punto culminante. Els 4 Gats ya estaba integrado como uno de los capítulos del entramado cultural, gastronómico y artístico de la ciudad. “Gracias al señor Ferré Viana -comenta Josep Mª-, precursor de la Ruta del Modernismo, conseguí que el restaurante formara parte del recorrido de la ruta y estuviera incluido en las guías que se publicaron”.

Y se iniciaron los Juegos Olímpicos. El fervor también llegó a 4 Gats en forma de la tan deseada proyección internacional. Atletas, periodistas y visitantes de todo el mundo conocieron el entorno de 4 Gats, la historia que impregna cada rincón del local y se convirtieron en asiduos comensales. Josep Mª Ferré lo recuerda como “un movimiento de personas impresionante. Todas venían al restaurante con buen humor y preguntaban por su historia, por el modernismo, Ramón Casas, Picasso…, eran las cuestiones en las que más insistían. Mi mujer tuvo la buena idea de utilizar un mueble expositor para libros de historia del arte, láminas de los pintores y ejemplares de la revista Pel i Ploma que documentaran a los clientes que querían conocer más a fondo la historia del restaurante y de los artistas que lo abrieron”.

“También debo decir que Pascual Maragall era uno de los clientes habituales del restaurante y nos eligió como lugar de celebración de eventos. Uno de ellos fue con los arquitectos de todo el mundo que habían tenido relación con proyectos en las diferentes ciudades en las que se desarrollaron Juegos Olímpicos. Estaban impresionados por la ciudad y se convirtieron en admiradores de la obra del arquitecto Josep Puig i Cadafalch”

Y llegó el amics per sempre” que cerró los Juegos del 92. La proyección de 4 Gats, gracias a la gran cantidad de visitantes que tuvo durante su celebración, propició el boca oreja ciudadano en muchos países. La marca Barcelona se constituyó como un lugar de referencia para visitar y la prensa internacional incluyó a 4 Gats como lugar de obligada visita en las guías de viajes a Barcelona.

En el escenario paralelo de la novela La Ciudad de los Prodigios de Eduardo Mendoza ya estaba 4 Gats y este escenario nos ha acompañado desde hace más de 115 años, reinventándose cada día, pero manteniendo fielmente una cocina catalana y mediterránea, con una esencia y un magnetismo especial presente en cada rincón del restaurante, que se percibe desde el momento en el que entramos.

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