La primera crítica periodística de l’obra de Picasso a Els 4 Gats

La primera crítica periodística de l’obra de Picasso a Els 4 Gats

Un jove Picasso, segon per la dreta, en una de les tertúlies de 4 Gats. Dibuix de Ricard Opisso

En diverses ocasions hem esmentat la presència d’un jove Picasso a les tertúlies de 4 Gats i la coneguda història de què les seves dues primeres exposicions pictòriques es van realitzar a l’establiment. El fenomen de la crítica ja era present i el dissabte 3 de febrer de 1900 es va publicar a la pàgina 7 del diari La Vanguardia el primer comentari de l’obra del pintor, que en aquells anys es coneixia com Ruiz Picazzo.

Entre altres coses, en aquesta pàgina també es destaquen els descomptes dels grans magatzems ” El Siglo ” que proposaven del 5 al 30 % segons els articles i en totes les seccions amb una compra mínima de 2’50 pessetes. Els barcelonins del primer any del segle XX ja tenien la tradició d’anar de rebaixes… , el costumisme i la febre en aquest sentit no ha canviat.

Però tornant a Picasso, la transcripció de la crítica, recollida de l’hemeroteca del diari La Vanguardia és la que segueix. Una de freda i una de calenta redactat amb l’estil retòric de l’època sobre un pintor “que apuntava maneres”.

EXPOSICION RUIZ PICAZZO

Un joven, casi un niño, Ruiz Picazzo, ha organizado una exposición de dibujos y notas de color en “Els IV Gats”.

En todas las obras expuestas hace alarde de una facilidad extraordinaria en el manejo del lápiz y del pincel, dominando, por ende, en aquéllas como principal condición, la garbosidad en el trazo, conveniente siempre, pero perjudicial cuando se sobrepone a otra calidad y no es resultado de una larga y con concienzuda práctica.

De ahí el desequilibrio que se nota en los dibujos y lienzos de Picazzo. Si echando en ellos únicamente un ojeada, pueden dar buena impresión -no obstante échanse de ver al momento que el expositor las más veces está influido por tendencias ajenas- en cambio, á medida que se analizan se notan inexperiencias y descuidos, disculpables dada la edad del autor, y ante todo titubeos en el camino que le conviene seguir.

Verdad es que no es cosa fácil orientarse, que son pocos los elegidos que de buenas á primeras encauzan sus aptitudes; pero no es menos cierto que para conseguir personalidad en arte no se ha de buscar la de los demás, siguiendo sus huellas; al contrario, debe uno torcer por otra parte para no recoger las migajas de los maestros, que es cebo éste donde dan los más, anulándose.

Sugiere esta reflexión la serie de retratos al carbón dibujados por el joven pintor del que hablamos, retratos a los cuales perjudica, sin duda alguna, el fondo de los mismos, donde el autor ha puesto de relieve la inexperiencia á la que aludíamos.

Hay que confesar, no obstante, que muchos de esos retratos, poseen carácter, que no es poco, y que alguno de ellos están apuntados con plausible sobriedad, siendo en todos digno de mencionarse, según queda indicado, el fácil manejo del lápiz, cualidad esta que predomina en los restantes apuntes y bosquejos expuestos.

El único cuadro que en “Els IV Gats” tiene Ruiz Picazzo representa á un sacerdote joven, que en pie, y con el libro de rezo en la mano, contempla à una mujer agonizante. La luz de un quinqué irradia débil claridad que refleja à trechos en la blanca colcha de la cama en la que yace la moribunda. El resto del cuadro está en penumbra, que difumina las figuras, de indecisa silueta.

Hay en esta obra, pintada con bastante desembarazo, condiciones no despreciables; condiciones que hay que esperar lleguen à su madurez el día que el señor Ruiz Picazzo, sin prejuicio de ninguna clase y con más caudal de experiencia y de estudio que hasta la fecha, llegue a la edad en que se ambiciona todo y hacer obras típicamente personales.

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